miércoles, 20 de noviembre de 2013

Corazón Solidario




Con Benedetti, encuentro el remedio para el naufragio en el desahogo. La nave que zozobra.

            En esta parte del planeta agua es otoño. Siguen los –“cortes” desafinados en “re”- mayor. Congelaciones, recortes desatinados, crisis y desvergüenza. Mucha desvergüenza. Desvergüenza al cuadrado, indignación a la máxima potencia.

            Mi panfleto para el desahogo. Sin medios de comunicación, la masa de medios. Y, todavía, el fútbol y los toros. Seguimos con el “pan y circo”, las cosas del siglo XXI.

            La lucidez como puerta al camino de la indignación, la lucidez como ventana al vasto territorio de la libertad. Sobrevivir, las cabezas y las revoluciones, el materialismo, el egoísmo exacerbado, la pena, ¡colage de mundo!...

            Y me quedan: la palabra escrita, las canciones, el bosque y la mar. Y la vida en cada aliento, inspirar..., expirar... Y los abrazos y los colores, cada olor, cada sonido. La piel de los congéneres. La poesía, la felicidad y la melancolía.

            Estas palabras que se desgranan, letra a letra, con suavidad sobre el papel en blanco... Los naufragios y los desahogos.

            Las preguntas... ¿y las respuestas? ¿Y la solidaridad? ¿Y el reparto equitativo de la riqueza? ¿Y la paz? ¿Y el amor? ¿Y la compasión entre los “seres superiores”, reyes y reinas de la creación, mujeres y hombres de este planeta de agua?

            Tantas preguntas sin respuesta. Aquellas que se formulan y aquellas que yacen envueltas en telarañas muy espesas, en el olvido, en la ignorancia, en la ocultación, mentira, mentira, mentira. Preguntas y respuestas. Preguntas sin respuesta.

            Y me quedan: los sueños y la poesía. Los sueños para aprender, para ordenar los registros de la memoria. Quizás para seguir viviendo. Quizás para encontrar las respuestas enterradas, las sumergidas, dinamitadas, volatilizadas, dormidas...

            Y la poesía: desde aquí se oyen, a lo lejos... los gritos, las risas, los llantos, incluso los silencios. Se oyen las lágrimas pero también los ronquidos insanos de los sin conciencia.

Los agujeros del cinturón. Hoyos para enterrar mala conciencia e insolidaridad.  

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