Debussy: Suite bergamasque, L.75,3. Claire de Lune
Después de una temporada de sequía “literaria”, pongo dedos en las teclas mientras suena por los auriculares el piano de Ryuichi Sakamoto.
No sé si hay margen izquierdo en esta vista de pantalla. La tabulación del comienzo del primer párrafo, sirve de pretexto para jugar con cierto mensaje, se llame metatexto, subtexto o palimpsesto.
Tal vez sean dos estrofas, cinco versos o cualquier otra aritmética poética posible. El autor decide, verso a verso. Inspirado desde la ausencia de premeditación. Tan de repente.
Una vez hechas las presentaciones, vamos al meollo de la historia.
Porque aún queda mucho por contar.
Desde la distancia, sin salpicaduras ni manchas indelebles
Que pudieran dejar el ánimo, el ánima, animus, maltrecho.
Arañé, cogí a puñados las desdichas y las arrojé
Lo más lejos posible del capazo. Aquella infancia difuminada
Por pinceladas firmes de tiempo que emborrona la memoria.
Es la luminosidad del instante presente la que aclara
Grandes dudas, quizás, o tal vez incertidumbres
No demasiado contundentes, la factura de la electricidad
El saldo de la cuenta en el banco o que vamos a comer mañana.
Puede que esas sombras leves tengan que ver con el mercado,
Laboral, para más señas, y sus abismos entre la oferta y la demanda.
Anhelos, decepciones, engaños y desengaños, justicia e injusticias.
Más adelante, cerca o lejos, tarde o temprano,
El camino se ensancha y el horizonte se presta amable
A todas nuestras conjeturas, estéticas y vitales,
(Colorido, luminosidad, incierto, negro ¿?)

