jueves, 20 de septiembre de 2018

      La Mujer desparramada, a ras de lluvia, húmeda y sin viento,
    anunciaba la primavera tardía, quizás temprana, casi en otoño,   
    lágrima a lágrima, con tristeza intemporal.
    Aguacero de silencio, media sonrisa, nube a nube.
    Es hora de despertar: ¡Bienvenida a la vida! 



    DOS DEDOS DE LUCES (frente a frente).
    
    Quizás tengamos que acudir al oculista del corazón  
    (cardioftálmico por Oxford y por Osiris), además de revisar esas 
     miopías en el oftalmólogo, porque quizás andamos ciegos de 
    insensibilidad.
    Y, tal vez, poder contarle que la viste, o quizás fue ese corazón,
    que se desbocaba calle arriba...
     Decidiste infringir todas las normas y acabaste pintando en 
     aquél muro inexpugnable:

                              Esos reflejos
                              que brotan desde dentro 
                              de tu mirada.

    Por fortuna, ni testigos ni policía. Anduviste negociando con  
    aquella taquicardia y, al caer la noche sobre la tarde, causó 
    lesiones que, aunque leves, dejaron la huella pasajera de las 
    nubes que se recostaban para dormir en el vasto lecho del 
    horizonte. 
    Apenas un hilo, hemorragia casi imperceptible, había salpicado
    el telón de fondo que anunciara aquella lluvia que jamás se 
    presentó. (Quizás ello demuestre la futilidad de los 
    presentimientos o las intuiciones que van cargadas de humedad).
    
    Aquella noche, en los charcos chapoteaban danzarinas todas sus 
    palabras. El acumulador de palabras solitario, las recogió con 
    delicadeza y seleccionaba cada una con la mayor imparcialidad
    que le fué posible. A la hora de cerrar el astillero, ya navegaban,
    por fin, todos aquellos barquitos de papel rumbo al corazón de 
    de la mañana que esperaba, ansiosa, nuevas historias.







 





    
     
      Incertidumbres
      en las encrucijadas,
      ¡Golpes de timón!


      Algunas lluvias,
      como lágrimas suaves,
      cambian el mundo.


      Al sumergirnos 
      en aguas del pasado
      nadamos torpes.


      Palos de ciego
      golpean las aceras.
      Siento su eco.


      Cuando caminas
      con la mente abierta
      brillan los cielos.


      Un pie tras otro
      con andar consciente
      te lleva lejos.
 
      Recuerda con amor.
      Recuerda en la distancia .
      Recuerda para crecer.
      Recuerda para reir.
      Recuerda sin angustia ni tristeza.
      Recuerda libre.
      Recuerda con luz.
      Recuerda bien anclado en el presente. 
      AQUÍ Y AHORA.

viernes, 19 de enero de 2018






          Aquellas teclas del piano deshauciado en un rincón, para 
       decorar...
        Teclas dormidas. Y la fuente de armonía, 
        con acordes imposibles, que no pudo manar. 
        Quizás en otro lugar, otro tiempo...
        Incertidumbre transparente y desafinada.
        Río abajo, tal vez los gatos aparezcan
        cuando el Sol caliente las piedras del muro antigüo.
        Quizás las piedras.
        También los gatos.
         Puede que el agua congelada.
         A mediodía la luz. La mirada entrecortada, brillo latente
         a ritmo de respiración, suave, luminosa, vital.
         A ritmo de miradas. Todas. Quizás brillo latente,
         quizás entrecortadas, tal vez entre acordes imposibles.
         O arias invisibles.
         Y  la métrica en el bolsillo. 
          Y los silencios sin rima altisonante. 
          
          Silencios al compás
          buscan el Norte en los huecos evidentes  
          de las cartas de navegación abandonadas.


          Cuando se duermen las preguntas,
          el silencio cuenta todas las historias.




        


                             
          
         
         Que el fardo del pasado no te aparte del camino.
       Que el futuro, con sus falsas luminarias, no queme los  deseos 
       profundos de tu corazón.
       Que el presente alivie y libere de las esclavitudes temporales                    de la ilusión y de la mentira.
       Con la presencia intensa y calmada, experimenta, aquí y                        ahora, libertad plena.

         (Coro final. Pasión según San Mateo. J.S. Bach)  


                                                                                                                                                                                                

        

jueves, 4 de enero de 2018

      PIANO Y VOZ

      ¿Quién camina a mi lado?
       Me pregunto desde el interior.
       ¿Quién desvela sus secretos, 
       Desde dentro de los sueños,
       Me despierta y me inspira esta canción?

       Siento su luz, esa que brilla
       Y se refleja alrededor,
       Esa música que nace
       Ilumina los sentidos
       Y se cuela en los latidos,
       Baila, tic-tac el corazón.

      ¿Quién desvela sus secretos,
       Ilumina los sentidos
       Paso a paso a mi lado
       Y susura al oído:
       No mires atrás y busca el Sol?

       He tirado los tabiques,
       Abro puertas y ventanas
       Se iluminan las estancias,
       Si descorro las cortinas
       Ya no existe sombra alrededor.   

       (La  mayor).

        Se había descoyuntado  en silencio, desmembrado de sí mismo.
     Deslavazado, perdido, otra vez, en la memoria. 
     Aquella fotografía  lejana, de otra tierra, en otro tiempo.
     Los ojos que vieron, la mente que quiso.
     El corazón que se desbocaba más allá de los dientes apretados  
     de su pecho.
     Aunque llegó la lluvia con su protocolo de rescate.
     El viento feroz robó aquella angustia y la depositó lejos, la dejó 
     semienterrada, descompuesta en melancolía con el paso de los
     años.
     En un instante.
     Imaginó que escribía un poema.
     Sólo escribía. Solitario.
     Lágrima a lágrima. Día tras día.
     De vez en cuando.
     

martes, 2 de enero de 2018

          MÁS RECUERDOS (A Eduardo Galeano)

Ando con la memoria y el aluvión, en el barbecho de las soledades. 

El niño ha vuelto por navidad. Anhelaba abrazos. Llegó un poco febril, con ese antigüo y proverbial enfriamiento del cambio de año. Como otras veces. La sombra del niño que lloraba desconsolado. Abrumado por la soledad. Puede que,  repitiendo el  gesto una vez más, demandara teta. Quizás el barro, trenzado lágrima a lágrima en el  lodazal de los recuerdos, le había traspasado la piel hasta incrustarse en los huesos. Barro hasta en los huesos.
El niño rebozado por dentro y por fuera, culpable por transitar sobre esas tierras. Sin llamar a la puerta se aparece bañado en Luna llena. Solitario empapado de luna solitaria.
Le cuento un par de historias y se calma poco a poco. Le digo que el barrizal de los recuerdos se va a transformar en tierra fértil. Los ciclos de la vida. La naturaleza terrenal y la naturaleza humana...
Anhelaba el abrazo. Como aquella noche imborrable, un cinco de enero de la infancia en el pueblo, sentado en la escalera, al frío, con escalofríos y con angustia inmensa, angustia de niño perdido. Llamaba y llamaba y lloraba. Una vez y otra y otra. Los abuelos y los padres, ocupados, allá abajo en la tienda, con  la tarea secreta de empaquetado de los juguetes que los padres de otros niños recogerían más tarde. Aquél niño no sabía, o no quería saber, nada acerca de la patraña comercial y mercachiflera de los reyes magos.

       Puedo volver la cabeza para mirar atrás, pero sigo el caminito, 
       paso a paso hacia delante.
 
                ¡Niño!
                 Recuerda desde la distancia. Con amor. Sin volver atrás.
                 Mira y escucha desde dentro de tus sueños.
                 Recuerda para crecer.
                 Recuerda para reir. 
                 Recuerda libre.
                 Recuerda con luz.
                 Recuerda, en la ensenada de la memoria, bien 
                  anclado en el presente, con el corazón.
                 Aquí y Ahora.