Se mostrarán poemas,escritos varios y desmemorias muchas. La música que me inspira,reconforta,me duerme y me despierta.Esos pajarillos en los olmos. Algún salmonconsejo, quizás algún recurso branquial a diario, o de vez en cuando. Aparecerán los sueños de toda la vida. No las ensoñaciones. Sueños para escuchar su mensaje y aprender a conectar, integrar, todas la facetas de nuestro ser multidimensional.
viernes, 19 de enero de 2018
Aquellas teclas del piano deshauciado en un rincón, para
decorar...
Teclas dormidas. Y la fuente de armonía,
con acordes imposibles, que no pudo manar.
Quizás en otro lugar, otro tiempo...
Incertidumbre transparente y desafinada.
Río abajo, tal vez los gatos aparezcan
cuando el Sol caliente las piedras del muro antigüo.
Quizás las piedras.
También los gatos.
Puede que el agua congelada.
A mediodía la luz. La mirada entrecortada, brillo latente
a ritmo de respiración, suave, luminosa, vital.
A ritmo de miradas. Todas. Quizás brillo latente,
quizás entrecortadas, tal vez entre acordes imposibles.
O arias invisibles.
Y la métrica en el bolsillo.
Y los silencios sin rima altisonante.
Silencios al compás
buscan el Norte en los huecos evidentes
de las cartas de navegación abandonadas.
Cuando se duermen las preguntas,
el silencio cuenta todas las historias.
Que el fardo del pasado no te aparte del camino.
Que el futuro, con sus falsas luminarias, no queme los deseos
profundos de tu corazón.
Que el presente alivie y libere de las esclavitudes temporales de la ilusión y de la mentira.
Con la presencia intensa y calmada, experimenta, aquí y ahora, libertad plena.
(Coro final. Pasión según San Mateo. J.S. Bach)
Que el futuro, con sus falsas luminarias, no queme los deseos
profundos de tu corazón.
Que el presente alivie y libere de las esclavitudes temporales de la ilusión y de la mentira.
Con la presencia intensa y calmada, experimenta, aquí y ahora, libertad plena.
(Coro final. Pasión según San Mateo. J.S. Bach)
jueves, 4 de enero de 2018
PIANO Y VOZ
¿Quién camina a mi lado?
Me pregunto desde el interior.
¿Quién desvela sus secretos,
Desde dentro de los sueños,
Me despierta y me inspira esta canción?
Siento su luz, esa que brilla
Y se refleja alrededor,
Esa música que nace
Ilumina los sentidos
Y se cuela en los latidos,
Baila, tic-tac el corazón.
¿Quién desvela sus secretos,
Ilumina los sentidos
Paso a paso a mi lado
Y susura al oído:
No mires atrás y busca el Sol?
He tirado los tabiques,
Abro puertas y ventanas
Se iluminan las estancias,
Si descorro las cortinas
Ya no existe sombra alrededor.
(La mayor).
¿Quién camina a mi lado?
Me pregunto desde el interior.
¿Quién desvela sus secretos,
Desde dentro de los sueños,
Me despierta y me inspira esta canción?
Siento su luz, esa que brilla
Y se refleja alrededor,
Esa música que nace
Ilumina los sentidos
Y se cuela en los latidos,
Baila, tic-tac el corazón.
¿Quién desvela sus secretos,
Ilumina los sentidos
Paso a paso a mi lado
Y susura al oído:
No mires atrás y busca el Sol?
He tirado los tabiques,
Abro puertas y ventanas
Se iluminan las estancias,
Si descorro las cortinas
Ya no existe sombra alrededor.
(La mayor).
Se había descoyuntado en silencio, desmembrado de sí mismo.
Deslavazado, perdido, otra vez, en la memoria.
Aquella fotografía lejana, de otra tierra, en otro tiempo.
Los ojos que vieron, la mente que quiso.
El corazón que se desbocaba más allá de los dientes apretados
de su pecho.
Aunque llegó la lluvia con su protocolo de rescate.
El viento feroz robó aquella angustia y la depositó lejos, la dejó
semienterrada, descompuesta en melancolía con el paso de los
años.
En un instante.
Imaginó que escribía un poema.
Sólo escribía. Solitario.
Lágrima a lágrima. Día tras día.
De vez en cuando.
martes, 2 de enero de 2018
MÁS RECUERDOS (A Eduardo Galeano)
Ando con la memoria y el aluvión, en el barbecho de las soledades.
El niño ha vuelto por navidad. Anhelaba abrazos. Llegó un poco febril, con ese antigüo y proverbial enfriamiento del cambio de año. Como otras veces. La sombra del niño que lloraba desconsolado. Abrumado por la soledad. Puede que, repitiendo el gesto una vez más, demandara teta. Quizás el barro, trenzado lágrima a lágrima en el lodazal de los recuerdos, le había traspasado la piel hasta incrustarse en los huesos. Barro hasta en los huesos.
El niño rebozado por dentro y por fuera, culpable por transitar sobre esas tierras. Sin llamar a la puerta se aparece bañado en Luna llena. Solitario empapado de luna solitaria.
Le cuento un par de historias y se calma poco a poco. Le digo que el barrizal de los recuerdos se va a transformar en tierra fértil. Los ciclos de la vida. La naturaleza terrenal y la naturaleza humana...
Anhelaba el abrazo. Como aquella noche imborrable, un cinco de enero de la infancia en el pueblo, sentado en la escalera, al frío, con escalofríos y con angustia inmensa, angustia de niño perdido. Llamaba y llamaba y lloraba. Una vez y otra y otra. Los abuelos y los padres, ocupados, allá abajo en la tienda, con la tarea secreta de empaquetado de los juguetes que los padres de otros niños recogerían más tarde. Aquél niño no sabía, o no quería saber, nada acerca de la patraña comercial y mercachiflera de los reyes magos.
Puedo volver la cabeza para mirar atrás, pero sigo el caminito,
paso a paso hacia delante.
¡Niño!
Recuerda desde la distancia. Con amor. Sin volver atrás.
Mira y escucha desde dentro de tus sueños.
Recuerda para crecer.
Recuerda para reir.
Recuerda libre.
Recuerda con luz.
Recuerda, en la ensenada de la memoria, bien
anclado en el presente, con el corazón.
Aquí y Ahora.
Ando con la memoria y el aluvión, en el barbecho de las soledades.
El niño ha vuelto por navidad. Anhelaba abrazos. Llegó un poco febril, con ese antigüo y proverbial enfriamiento del cambio de año. Como otras veces. La sombra del niño que lloraba desconsolado. Abrumado por la soledad. Puede que, repitiendo el gesto una vez más, demandara teta. Quizás el barro, trenzado lágrima a lágrima en el lodazal de los recuerdos, le había traspasado la piel hasta incrustarse en los huesos. Barro hasta en los huesos.
El niño rebozado por dentro y por fuera, culpable por transitar sobre esas tierras. Sin llamar a la puerta se aparece bañado en Luna llena. Solitario empapado de luna solitaria.
Le cuento un par de historias y se calma poco a poco. Le digo que el barrizal de los recuerdos se va a transformar en tierra fértil. Los ciclos de la vida. La naturaleza terrenal y la naturaleza humana...
Anhelaba el abrazo. Como aquella noche imborrable, un cinco de enero de la infancia en el pueblo, sentado en la escalera, al frío, con escalofríos y con angustia inmensa, angustia de niño perdido. Llamaba y llamaba y lloraba. Una vez y otra y otra. Los abuelos y los padres, ocupados, allá abajo en la tienda, con la tarea secreta de empaquetado de los juguetes que los padres de otros niños recogerían más tarde. Aquél niño no sabía, o no quería saber, nada acerca de la patraña comercial y mercachiflera de los reyes magos.
Puedo volver la cabeza para mirar atrás, pero sigo el caminito,
paso a paso hacia delante.
¡Niño!
Recuerda desde la distancia. Con amor. Sin volver atrás.
Mira y escucha desde dentro de tus sueños.
Recuerda para crecer.
Recuerda para reir.
Recuerda libre.
Recuerda con luz.
Recuerda, en la ensenada de la memoria, bien
anclado en el presente, con el corazón.
Aquí y Ahora.
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