sábado, 28 de septiembre de 2019

PASO A PASO

Aquella tarde vino la muchacha disfrazada de falsa cuaresma.
Se adueñó de la casa en un instante. Sutil. De puntillas.
Ni siquiera las ventanas pudieron ser testigos del reflejo de su rostro. Cristales mudos. Silencio transparente.
A golpe de lápiz, sembró las paredes de ramos de flores extrañas.
Con pétalos de carbón, se dijo sin lengua, con los labios perdidos.
¡Todo arreglado!
Se marchó a lomos de su silencio. 

Al despertar, con los ojos arenosos, pude contemplar desde el sofá
toda su caligrafía. Jeroglíficos indescifrables. Signos irreconocibles, de otro tiempo, quizás de lugares dormidos.

Tal vez la ví alejarse sin mirar alrededor. Se había levantado de aquél suelo acristalado y comenzaba a caminar sobre las nubes.
De una en una, las pisó todas. Recorrió los cielos como quien camina por primera vez, ya en la madurez, atenta y consciente, por un territorio virgen. De nube en nube. Paso a paso. Sin ser presa de aquella locura antigua, la de las emergencias, la de las ansias de salvar a prójimos, propios y ajenos, aquél mirar por los demás con los ojos desorbitados.
 O la premura de no mirar atrás, en un presente feroz y contundente. Punto por punto. Paso a paso.





 

viernes, 27 de septiembre de 2019

El niño que despierta de madrugada y acude al jardín a dialogar con la Luna llena. Juegan al juego de los espejos, la Luna el espejo del Sol y los ojos el espejo de la Luna. Miradas y reflejos. Tus ojos y los míos.

Y el niño, con un hambre de lobo, devora el mazapán y recuerda. Miradas y sabores. Caricias y besos. Y un abrazo. 

Y, de repente, en aquél sueño, soñó que cantaba su canción:

Llanto de Luna, 
canto de estrellas en oscura sinfonía 
en cada garganta.
Si pudiera mirar,
quizás sólo ver, sombra clara, luz,
desde la ventana
con ojos limpios, miradas al viento
a cada instante,
mientras el mundo, un día y otro,
minuto a minuto
sigue su curso, la vida prófuga,
 el tiempo aún preso.
Cárcel del olvido
nunca me acuerdo si aún estoy vivo.
 
HAIKUS DESNUDOS


                    Agunas veces
                    las miradas se pierden
                     en un parpadeo.



                     Las estaciones
                     huérfanas ya de trenes
                     sufren ausencias.


                     Este otoño
                     con sus días azules
                     destila amor.


                      La sinéresis
                      de mi vida ahora
                      es cada día.



                      Manan las fuentes
                      risas a borbotones,
                      jardin florido.



                      ¡Abrid ventanas!
                      llenad la casa toda
                       de risa y amor.



                      En la mañana
                      tu luz abraza todo,
                      rompe los muros.



                       Corazón niño
                       latidos de hombre:
                       firme unión.

viernes, 20 de septiembre de 2019

28 DE AGOSTO

Busca en el camino las señales.
Mira alrededor con toda tu atención.
Todo, y tú, y yo, tan lejos y tan cerca.
A un lado, entre aquellos robles, comprensión,
Más abajo, a la orilla del arrollo pleno de lágrimas fugaces,
 A punto de ser devoradas por las aguas, destellos de compasión.
Y, en el horizonte, la alegría, ¡la luz de la alegría!




BAÑO DE LUNA LLENA
 
La Luna atrapada, o quizás entretejida por la araña. 
Esa araña lunática, estática y extasiada,
Que espera hambrienta, quizás, sobre el mar de las calmas.
Érase una vez aquella noche en la que descubríamos,
con asombro, el fenómeno inaudito por encima de los pinos,
Y unos ojos tintados de azul lunar
Puede que atrapados por la red de mis palabras.
He bajado al escritorio, desde la inquietud de la marea,
Insomne por el baño de luna sobre mi cama en la madrugada.
Atrapado por aquella luna que bañó tu casa.
Bañado por la luna que inundó mi cama.
Mientras, aquí y ahora,
El eco de tu mirada resuena en mis palabras.


miércoles, 18 de septiembre de 2019


Arranco el calendario de la pared.
 Queda desnuda de noches y de días, 
A la intemperie del presente.
Pienso en apretarlo, estrujarlo, exprimir
Fotografías, números y letras.
Sacar el jugo del tiempo, la sangre,
 Las lágrimas  y todo el sudor del crecimiento.
Desdibujar el calendario, enmarañar meses y días.
Agitar antes de volver a usar.
O, quizás, liberar a ese fantasma inventado,
La leyenda de un tiempo eterno, indomable.

¡Cómo ondea al viento la sábana agujereada,
Arrugada, con esas manchas del pasado
Y los posibles descosidos, con sus flecos, del futuro!

Observo el cielo, ya sin tiempo,
Y consigo esparcir, sin aspavientos, 
Trocitos muy pequeños de "lu", "mier", "dic", "sept"
Y números descuartizados, meses sin rumbo...
¡Calendadrios al viento! 













Había abierto aquél cuaderno y calentaba su nostalgia y la añoranza con dos velas azules, encendidas tras el ocaso. ¡Ah la noche! se dijo mientras escuchaba Widmung (op.25, número 1) de Robert Schumann. A pesar de todo, ese cajón lleno de añoranza volvía a desbordarse, sin lágrimas, como un gas de misterio calmado y lúcido. En ese instante percibió que volvía a cerrarse el círculo. Reencuentro y añoranza, sin orden ni concierto. Y ahí, ¡hete ahí! que llegó el momento de la decisión: detener el flujo de la escritura y sentirse por dentro. Quiso observar y responder a la pregunta ¿Qué me pasa por dentro? Cerró los ojos, escuchó los latidos del corazón. Percibió algo semejante a una inquietud suave que se fue disipando con lentitud, mientras sentía cómo la respiración se tornaba más lenta. Observó los pensamientos que volvían a ella una  vez más. La música de aquél piano, ahora la Fantasía en Fa menor op.49 de Frédéric Chopin, le llevó de nuevo a la añoranza. Aunque no se dejó atrapar por ella. La saludó y la dejó pasar, apreció su belleza y se regocijó de sentir lo que sentía.  Con calma y distancia. Con amor y sin apego. Libre y humano, muy humano.  En fin, se dijo, uno de los atardeceres más bellos que hasta ahora había contemplado.




 
A LAS PUERTAS DEL OTOÑO
 
      Aquellas hojas que tiemblan, a ritmo de Luna menguante,
      anuncian el desenlace inevitable. Un año más. Y esas nubes,
      y esas nubes. Y me obsesrvo mientras observo.
      
     Detrás de las palabras.
     Más allá de los cuerpos.
     La música se desborda mansa
     y riega las raíces de los dos olmos
     que, por gracia y obra del universo vegetal,
     quizás anden merodeando
      cerca de tus pies y de tus pasos.
      Cántico lunar en la madrugada.
      Ahora sólo se oyen perros que ladran
      y un murmullo quedo, armonioso y amoroso,
      de un piano que desgrana, tecla a tecla,
      la música que todo lo conecta. 
       
 
                                                                         
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
                                                                              Pido el deseo,                                                                                                                                la musa se despierta                                                      y me ilumina.                                                                 
                                                   
                                                  ¿Perdido el rumbo?
                                                   Camina muy atento
                                                    a las señales.

                                                     Llegan las nubes
                                                     y me susurran suaves
                                                      canciones tristes.

                                                    Un hombre bueno
                                                      que camina en soledad
                                                       ni más ni menos.

                                                        Llega la noche
                                                        el Sol ya se despide
                                                        sin aspavientos.

                                                          ¿Ves mi corazón?
                                                          Aún sigue latiendo
                                                          Aquí y Aholra.
                                     
                                                          Es un abrazo
                                                          medicina eficaz
                                                           y un gran consuelo.