sábado, 28 de septiembre de 2019

PASO A PASO

Aquella tarde vino la muchacha disfrazada de falsa cuaresma.
Se adueñó de la casa en un instante. Sutil. De puntillas.
Ni siquiera las ventanas pudieron ser testigos del reflejo de su rostro. Cristales mudos. Silencio transparente.
A golpe de lápiz, sembró las paredes de ramos de flores extrañas.
Con pétalos de carbón, se dijo sin lengua, con los labios perdidos.
¡Todo arreglado!
Se marchó a lomos de su silencio. 

Al despertar, con los ojos arenosos, pude contemplar desde el sofá
toda su caligrafía. Jeroglíficos indescifrables. Signos irreconocibles, de otro tiempo, quizás de lugares dormidos.

Tal vez la ví alejarse sin mirar alrededor. Se había levantado de aquél suelo acristalado y comenzaba a caminar sobre las nubes.
De una en una, las pisó todas. Recorrió los cielos como quien camina por primera vez, ya en la madurez, atenta y consciente, por un territorio virgen. De nube en nube. Paso a paso. Sin ser presa de aquella locura antigua, la de las emergencias, la de las ansias de salvar a prójimos, propios y ajenos, aquél mirar por los demás con los ojos desorbitados.
 O la premura de no mirar atrás, en un presente feroz y contundente. Punto por punto. Paso a paso.





 

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