viernes, 27 de septiembre de 2019

El niño que despierta de madrugada y acude al jardín a dialogar con la Luna llena. Juegan al juego de los espejos, la Luna el espejo del Sol y los ojos el espejo de la Luna. Miradas y reflejos. Tus ojos y los míos.

Y el niño, con un hambre de lobo, devora el mazapán y recuerda. Miradas y sabores. Caricias y besos. Y un abrazo. 

Y, de repente, en aquél sueño, soñó que cantaba su canción:

Llanto de Luna, 
canto de estrellas en oscura sinfonía 
en cada garganta.
Si pudiera mirar,
quizás sólo ver, sombra clara, luz,
desde la ventana
con ojos limpios, miradas al viento
a cada instante,
mientras el mundo, un día y otro,
minuto a minuto
sigue su curso, la vida prófuga,
 el tiempo aún preso.
Cárcel del olvido
nunca me acuerdo si aún estoy vivo.
 

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