El niño que despierta de madrugada y acude al jardín a dialogar con la Luna llena. Juegan al juego de los espejos, la Luna el espejo del Sol y los ojos el espejo de la Luna. Miradas y reflejos. Tus ojos y los míos.
Y el niño, con un hambre de lobo, devora el mazapán y recuerda. Miradas y sabores. Caricias y besos. Y un abrazo.
Y, de repente, en aquél sueño, soñó que cantaba su canción:
Llanto de Luna,
canto de estrellas en oscura sinfonía
en cada garganta.
Si pudiera mirar,
quizás sólo ver, sombra clara, luz,
desde la ventana
con ojos limpios, miradas al viento
a cada instante,
mientras el mundo, un día y otro,
minuto a minuto
sigue su curso, la vida prófuga,
el tiempo aún preso.
Cárcel del olvido
nunca me acuerdo si aún estoy vivo.
Se mostrarán poemas,escritos varios y desmemorias muchas. La música que me inspira,reconforta,me duerme y me despierta.Esos pajarillos en los olmos. Algún salmonconsejo, quizás algún recurso branquial a diario, o de vez en cuando. Aparecerán los sueños de toda la vida. No las ensoñaciones. Sueños para escuchar su mensaje y aprender a conectar, integrar, todas la facetas de nuestro ser multidimensional.
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