martes, 30 de julio de 2024

                                 

                                Adiós y hola

                          que "nuestras vidas son los ríos

                          que van a dar a la mar."

 

            Algunas veces se cuela un poema

            con vocación de furtivo, entre líneas.

            Un poco de atención y topas con versos

            acompasados y también ¡fuera o fuese, 

            dentro o lejos!

 

            Me atrevo con el juego

            para dar ocasión a quien lee

            de interpretar a su manera

            rimas y "rimetes". Olas y adioses.

             

            De repente, desde la línea del horizonte,

            los dioses navegan sobre olas enervadas.

            Claro, puede que imbricadas

             y también inquietas.

             La inquietud aparente de las aguas

             Y las plantas de los pies y los tobillos

             acariciados, sube y baja el rebalaje.

            Manso. Solitario.

 

            Parece que amanece

            Pudiera ser otro atardecer.

 

            Ritmo y compás.

            Sin contratiempos.

            ¡A vuelapluma cormoranes!   

 

 

        MACARRONES CON CAMARONES

        Y ALGAS SIN MEMORIA. 

 

 

 

miércoles, 24 de julio de 2024


 

                                                   Una rosa, casi oculta, escondida quizás,

                                                   entre ramas y hojas verdes

                                                   que van a florecer amarillas

                                                   al final del verano.


        

 ¡Que vienen los anhelos!


Miro de reojo (con el que está regular tirando a dar), y casi a mis espaldas, a un lado del camino avanzan subrepticios, con las solapas de la gabardina en todo lo alto. Esa prenda de abrigo a medio camino entre el pasado y el futuro, aunque sin presencia, llena de manchas, por si llueve. Gabardina personaje, los bolsillos abiertos en el interior repletos de tiempo inservible. ¡Allí hay una papelera!


En aquella isla  en la cara orientada al levante solar, el amanecer hace su trabajo. La arena de la ensenada brilla y comienza a arder.


ENSENADA. Donde no hay escuela ni maestros y poco que mostrar. Observa. Atento. Aprender de la nada.


En el panel informativo de la autoridad turístico-costera alguien ha escrito con rotulador de tinta indeleble:

"A veces siento 

desde lo mas profundo

que ya me sueñas

en la soledad silenciosa

donde los pensamientos adormecidos.

Sigo soñando que pienso en tí.

Sólo sintiendo". 


A pesar de la fuerza del alisio, el cartel devorado por el salitre aún sigue siendo un lugar de peregrinación para viajeros discretos y atentos y también para tictoqueros y amantes del aquí estuve y selfi va y selfi viene.


Adiós.








 

La noche camina a paso lento

empapada de lluvia fina y persistente.

La tierra acoge estos pasos

que intentan acompasar

los minutos y las horas.


Juntos bajo la lluvia

casi de la mano

como amantes

quisieran llenos de deseo

pisar el territorio del abrazo.


Hasta el amanecer.


viernes, 19 de enero de 2024

Mientras prepara la panoplia literaria antes de que las palabras se den a la fuga el autor nota como la ebullición llega al clímax. Manos a la obra y todos los floretes en su sitio. Juegos floreteales llenos de poesía sin épica ni réplica. Piensa en la ética literaria aún en mantillas que para eso estamos en enero.

Como iba diciendo ya de noche y los gatopardos a resguardo, está dispuesto para  la función ( aquellas matemáticas de la confusión suprema en las  aulas sotaneras en las que no se enteraba de nada porque ya no había Geografía con sus mapas gigantes desenrollados a todo trapo delante de la pizarra). ¡Vivan los paréntesis!

Recuerdo aquello del poemario de los días, la fugacidad galopante la impermanencia en todo su esplendor, y es que todos nos vamos poniendo viejos. Por los siglos llenos de siglas acrónimos, acrósticos y otras asperezas por limar. A la lima y al limón.

Sí claro, que me traes por la calle de la amargura, que vas a acabar con mi paciencia y niño deja de tamborilear con el cuchillo y vamos a comer…

Ahora silencio.

La rebeca pulligan abrochada hasta el último botón y la corbatilla fina burdeos con diagonales negras. Claro, a juego. Y que no se te olviden los zapatos gorila, con pelotilla incluida para reventarlos en la pista atestada de partidos a la hora del recreo. Meter gol en las porterías de hockey. El timbre y apurar hasta el último minuto.

Poesía pura y sudor a chorros.

 


 

 

 

viernes, 27 de octubre de 2023


Del florero al fregadero un paseo interminable que observo con el reojo izquierdo, con el que menos veo. Al menos desde este otoño dislocado. La estación interminable, y seguimos con el juego, intermitente, sin adverbios en mente. No mente. Sin levantarme de la silla, de flor en flor y los cacharros sin fregar. 

Allá abajo, al otro lado del rio, una compañía de saltimbanquis disfrazados de castaños intentan engañar las miradas incautas con ropajes ocres en busca del rojo crepuscular.  


Aquél poema, nocturno en la menor, algo desafinado por el desatino de las lluvias de final de octubre, se escapaba de las manos, como un sueño arenoso para depositarse con lentitud delante de tus ojos. Mira, mira desde el final hasta el comienzo de la nada, contundente aquí y ahora.






 

jueves, 26 de octubre de 2023

 Ahora la pantalla en negro anima al escritor a recontar, sin aritméticas, experiencias en esta isla casi redonda. Ausencia de aritméticas y aparición de la geometría isleña, geografía geométrica o gomérica, según se mire. Desde esta terraza se mira distinto por la orientación y por la perspectiva privilegiada. Orientación Noreste. El horizonte amplio. Allá apenas a unos kilómetros que suponen cuarenta y cinco minutos en ferry la isla grande con el Teide en los tresmil, por encima de las nubes, el mar de nubes de casi siempre. Aquí abajo la costa de la isla más pequeña y redonda. El pescante y las olas que llenan de espuma la playa negra de arena y piedras. Un lugar del pasado visitado a pesar de las prohibicines expresas, peligro de desprendimientos, vallas rotas, corrosión y mucha erosión. Aquel charco artificial, como piscina salvaje llena de mar y a veces de espuma voraz. Los viajeros, turistas, bañistas, pescadores y curiosos se adentran cada día en ese mundo extraño que en otra época albergó el muelle para la carga de los plátanos. El pescante de Hermigua. Un poco más arriba hacia el Sur y al otro lado del comienzo del valle, las crestas desde donde en dias pasados se desarrollaban al atardecer aventuras de ícaros que descendían con mansedumbre hasta la playa de Santa Catalina. Ahora las sombras se adueñan de esta parte final o primigenia del valle, cada cual con su prespectiva. Por la mañana, en días soleados, se ilumina amplio y feliz, y los colores brillan dando esplendor a las rocas, las plataneras, las palmeras y todo el verde instalado por estas tierras.

Algunas veces el alisio arrecia y las nubes logran, ya cuando la oscuridad es dueña del entorno, ocultar las estrellas que tantas noches nos acompañan. 

La Crónica del viajero atento que viene y va, valle arriba, barranco abajo mientras conduce con prudencia acompañado de la mejor copilota y compañera de viaje, por esas curvas isleñas de la mar a la montaña, del sol a las nubes y a la lluvia horizontal. 

A esta hora el Sol se despide dando luz a la isla grande en la costa suroeste y tiñe de rosas las nubes y la cumbre.

Tal vez esta noche alguna estrella fugaz visite esta parte del cielo terrícola y nos haga soñar con otros mundos que están en este.