¡Que vienen los anhelos!
Miro de reojo (con el que está regular tirando a dar), y casi a mis espaldas, a un lado del camino avanzan subrepticios, con las solapas de la gabardina en todo lo alto. Esa prenda de abrigo a medio camino entre el pasado y el futuro, aunque sin presencia, llena de manchas, por si llueve. Gabardina personaje, los bolsillos abiertos en el interior repletos de tiempo inservible. ¡Allí hay una papelera!
En aquella isla en la cara orientada al levante solar, el amanecer hace su trabajo. La arena de la ensenada brilla y comienza a arder.
ENSENADA. Donde no hay escuela ni maestros y poco que mostrar. Observa. Atento. Aprender de la nada.
En el panel informativo de la autoridad turístico-costera alguien ha escrito con rotulador de tinta indeleble:
"A veces siento
desde lo mas profundo
que ya me sueñas
en la soledad silenciosa
donde los pensamientos adormecidos.
Sigo soñando que pienso en tí.
Sólo sintiendo".
A pesar de la fuerza del alisio, el cartel devorado por el salitre aún sigue siendo un lugar de peregrinación para viajeros discretos y atentos y también para tictoqueros y amantes del aquí estuve y selfi va y selfi viene.
Adiós.
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