jueves, 19 de noviembre de 2015

     Los Olmos, 18 de noviembre de 2015

     Me disponía a montar el tenderete para escribir sobre la presencia, sobre todo en estos días. La funda, las cremalleras, el aparato electromagnético, dotado de touch screen como la vida misma, vivirla y poder tocarla, de manera que nuestra percepción del mundo cambie. A pesar de todo. Estaba entonces posando la maquinita sobre la mesa cuando, cierta música sublime hizo que se sobrecogiera  todo el ser, incluída la zona del hipotálamo. Así que, a pesar del impacto, procedí a la tarea, aunque ya estaba escribiendo a mano. Bolígrafo sobre papel. Y hasta aquí el sobrecogimiento. En un día como otros, casi monástico, con la inquietud revoloteando durante gran parte de las horas. Otoño en París. Nunca estuve en París. Ahora es un "constructo" de la mente, collage que se alimenta de fotogramas de películas, instantáneas de postales en desuso, documentales, noticieros...Una creación del pensamiento que, furtivo se ha nutrido del corazón: solidadridad, desde el corazón. Compasión, desde el corazón. Lágrimas del corazón. Energía, desde el corazón. 

     Aquí la mano se detuvo, mientras la música se fue apagando para que se iluminara el siguiente movimiento. Y, de nuevo, hasta aquí el relato de lo que sucede en este presente de la tarde, noche de un miércoles de noviembre. Una pausa mas, para respirar, para sentir con todos los sentidos. Paso a paso se han desgranado los minutos sobre el papel. El propósito era escribir. A toda costa. Contra viento y marea. Ojo avizor. A todo trapo. Rumbo a la vida y navegar por navegar. Firme el timón, la vista clavada en el horizonte del presente. El oído atento a la melodía del oleaje y el viento. El olfato dispuesto para el éxtasis marino. Y el gusto de estar de timonel en esta nave que, en la calma chicha, se desliza por el espejo de sal a gopes de corazón. Latido a latido. Con ritmo pausado y constante. Golpe a golpe.
     Desde el horizonte del presente se divisan, lejanas, aquellas islas del pasado en las que la nave encallara, tantas veces. Los cantos de sirena y la impericia del navegante, aliados en dulce contubernio, provocaban parte del naufragio. Lejanas. Islas remotas. Olvidadas en un rincón del mapa de la memoria. Cartografía del recuerdo.

      Jean Sibelius. Suite de la música incidental El Rey Christian II. Op. 27
     Los Olmos, 16 de noviembre de 2015

     Me levanto de la siesta y me propongo escribir algo porque: es necesario salir del atasco, antes que el corazón se escape al galope por la puerta principal. Liberar la inquietud que satura el pecho y atenaza la garganta. Liberación. En este caso pausada, gota a gota, a través de la escritura. Aparecen, delante de las narices, los acontecimientos brutales, trágicos, salvajes y muy tristes. Como cada dia. Ahora aparecen en abstracto porque, como siempre, no he querido ver las imágenes, otra masacre. Se muestran como sensaciones que se aglutinan, compactan y edifican aquella inquietud.

     Al desgranar esta fruta madura de otoño, letra a letra, la melancolía y la inquietud se refrescan. La granada tardía de noviembre, al Sol, bañada de dia por el azul intenso del cielo que  aún atesora, con mucho apego, un trozo de verano marchito que escondía en un rincón y, a veces, se mostraba disfrazado de otoño. Las estaciones caprichosas, desiertas ahora de trenes y llenas de pasajeros sin destino. Humanos que deambulan por el Planeta, a veces perdidos y otras encontrados, además de enconados, frente a frente, en guerras programadas por otros desde los áticos inexpugnables. Señores de la guerra inmaculados de sangre, que trafican con todo y con todos.

     "Liberación, palabra bonita". En otoño disfrazado de verano despistado.

     PARA CUANDO TE CONOZCA
    Ni tú ni yo.

     Quizás aquél retrato vacío, incluso aún sin marco, ni referencia, porque no estás, o bien has estado siempre. 
     Sin dónde ni cuándo, mantengo la presencia en lo alto del acantilado. La brisa remueve las hojas ocres de los recuerdos, mientras, allá abajo, las olas baten, se debaten y rebaten las espumas de la desmemoria. Recuerdos, memoria, olvidos, cajones, carpetas, servilletas, gracias por su visita, de los bares, lápices que seguirán flotando, expectantes. En fín los restos del naufragio de cada día. 

               Ando buscando
                tus ojos que me miran,
                 de vez en cuando.


               Si tu sonrisa
                 se desbordase rauda
                  nadaría en tí.
 

jueves, 8 de octubre de 2015

     
     DOS DEDOS DE LUCES

     Quizás tendríamos que acudir al oculista del corazón, además de a la consulta del oftalmólogo, porque andamos un poco ciegos de insensibilidad.

     SI TÚ ME DICES VEN, YA NO LO DEJO TODO...

     El pasado que no existe. disfrazado de memoria. Recuerdos como el humo adormecido al atardecer. Escalera desubicada, ni es de incendios,  ni siquiera principal. Ni lenta como caracol. Peldaño a peldaño, las añoranzas se quedan en el contrapié. Traspiés de los recuerdos. 

domingo, 4 de octubre de 2015

Biblioteca Isabel Roldán

     Tendría que haberme calentado antes los ojos, porque desde hace un tiempo, me había notado la (cabeza ) la mirada fría. El lapsus linguae estuvo servido, quizás antes de escribir la palabra cabeza en lugar de mirada. Porque, sin ánimo de polemizar, confusión sin culpa es tan sólo una equivocación, como cualquier otra. Y para rectificar están los cuentos que a uno le gustaría haber escrito.
     Ahora el escritor reflexiona acerca del "manos a la obra", en lugar de anclarse, una vez más, en el pasado. Los cuentos por escribir. Desde el presente. El aquí y ahora inquieto, subido en el carromato del corazón que trastabilla por los caminos de la vida, a veces tortuosa, sin duda.
     El que escribe, quizás para calmar aquella inquietud; vaya a ser que evolucione y crezca hasta la ansiedad y angustia; sigue con la tarea, verso a verso.

Esa mirada
atraviesa el tiempo,
instante fugaz.

     Es el otoño estación propicia para la memoria. Estación de la melancolía, transitoria, nunca crónica. Por ahora, a pesar del cambio climático. 
     Desde siempre. Por las nubes, por los vientos, a veces por la lluvia bendita, con tacto de seda para los campos. Otras veces caudal impetuoso de lágrimas, casi celestiales.
     Estés donde estés, eres aquí y ahora. Permeable, osmótica con el Universo entero. 
      Y, en un lapso, casi imperceptible por las máquinas cronográficas, tu sonrisa elabora, rauda, la coreografía que nos hace y nos deshace, en danza eterna, para siempre.

lunes, 14 de septiembre de 2015

     La hoja proyectada, quizás su sombra. Proyecto enhiesto de ficus a Levante. Me recuerda todo, o casi todo. El recuerdo en la frontera de la verdad, o quizás de la mentira. En aquella tarde fue el aroma del café, mientras la niebla seguía a lo suyo. La conversación, aquella o ésta, y el perfume de las palabras. Que si la época de Nueva Orleáns, que si antes y después de Bob Dylan o del Katrina...
     La olla exprés y esa lavadora hacen los coros al cántico exhausto de cada trozo de patata frita. La sartén, la hornilla y el fregadero con sus dos senos enormes, aunque me quedo con el alabastro de los de Marylin, y, en un instante, con la energía del rabo de lagartija cuando el gato se emplea con destreza y amabilidad, fuera de toda duda aparente. En fin, palabras huecas, que iban llenando páginas. Tumbadas en la misma orilla de la realidad, la que existe o la que parece que es y puede que no sea, o quizás sí. Ni sí ni no, sin ton ni son, un semitono más o menos arriba o abajo. Aunque al final encuentras un lugar donde cantar y bailar. Y, al alba, te sumerges en un mar de dudas y, allá abajo, encuentras las cuerdas de todas las guitarras afinadas al mismo tono, o un semitono más o menos. Y vuelta a empezar.
     Escucha el susurro del viento en calma y el abrazo dulce de la oscuridad, en aquella noche de Luna nueva, por estrenar, promesa incumplida. Luna de manos vacías, oculta a tus ojos y llena de energía, por el contrario, en la cara oculta de tus sueños.
     La esfinge rota llora acartonada al fondo de la barra. Un bourbon de más, por favor, o...no me des más bourbon, por favor...
 ¿No has visto a los peces mutilados que persiguen a las bellas bailarinas que juegan con sus muñecas rotas? Quizás habías bebido demasiado o demasiado poco...La encontraste allá arriba en la ventana, sentada en el alféizar, con las piernas colgando, con un balanceo sublime y la cabeza en su sitio, o así lo creíste. Las uñas de los pies acariciaban los adoquines de la acera de enfrente, mientras el semáforo de la esquina nunca daba su luz roja a torcer y llevaba años en ámbar. En aquella encrucijada, un instante de duda, como en aquél bostezo crucial antes del final del discurso del jefe.
La tribu ha salido a evolucionar, perdonen las molestias.
     Otoño. Otra vez. Estación de la añoranza. Llegan los trenes del recuerdo. Algunos en tropel. Al asalto. Sin contemplaciones. Las nubes, febriles al atardecer, a las que el Sol ha sacado los colores. Exprimidas como ocurre cuando procesamos las emociones y tocamos fondo. Extraemos el zumo y desechamos la pulpa. Filtramos y saboreamos el jugo de la transformación. Transmutación. Metamorfosis. Renacimiento, sin pasar al barroco. En definitiva, si aprendes la lección, accedes al andén siguiente...

domingo, 10 de mayo de 2015

     CON LOS AMIGOS EN "VILLA HAMBRE"
     (Extracto del relato por venir).

     Bajo "El Abuelo", veinticinco años de porte, sin transporte, apenas el desplume inseminador potenciado por el viento. Un aleteo verde sobre las cabezas de los caminantes, sentados en círculo en torno al tronco, bajo las ramas musculadas desde las raíces.
     La disertación del agricultor. El hombre que, con sencillez, tesón, paciencia, armonía y sabiduría, ha elegido este rincón del Planeta para armonizarse con la tierra..." no hay que perder la esperanza", dice el hombre bueno, ..."y al final cayeron dieciocho litros"...La lluvia esperada, que a veces se aparece camuflada con disfraz de cuentagotas.
     La crónica del amigo visitante, que se siente habitante, en este territorio magnífico. Contiúa el agrofilosófo, cocreador de árboles:
..."es un placer, una escuela, un aprendizaje...esta Naturaleza".
     La gratitud lírica de Jesús, el susperviviente, que ensalza el trabajo del hombre hospitalario. Cerca de la Naturaleza. Con ella...observación e interacción. Complicidad. "The little help from the Mother Nature".
     La placidez, ventosa desde el Sur, en esta tarde de primavera. El Sol comienza a jugar al escondite, como cada día. La conversación distendida bajo "El Abuelo". A su cobijo. El Universo que se desarrolla como debe. 
     Fluyen las voces, apenas un instante, y las sonrisas. Bajo el chopo blanco que se alegra y danza, con tempo suave. Al son del viento. Circulación plácida, fluida, hospitalaria. Abrazo de sombra. Y la sutil percepción de que el árbol nota todo este cariño. Las historias de los amigos, mujeres y hombres. Y la propia historia de "El Abuelo". La intimidad de cada aliento, compartida. La palabra del árbol maduro. Nos queda tanto por aprender...
     Este tronco de piel tatuada, con su mensaje cifrado. Abro los sentidos. Leno el corazón y ya repleta la memoria. Respiro. Vivo. Ligero. Siento las raíces bajo las plantas de los pies...
     Y ya en el sueño, quizás el de esta noche, aquellas raíces se enredan, sutiles y amables, a lo largo de mi cuerpo. Salen por las orejas. Lloran de emoción desde los ojos. Ahora ya soy árbol. Desde siempre. Para siempre. Aquí y Ahora. 
    (Mientras ese perro, de nombre "Wilco" , quizás de Beverly Hills, que aunque no bebe té, entretiene. Ladra que te ladra al son de la lectura. Trasto canino que trastoca y, sin embargo, querido y asombroso). 

     NO HAIKU BAJO EL CHOPO BLANCO
     (A mi amigo de la tierra, Miguel, con gratitud sin fronteras).

     Sobre tu cabeza,
     Área de desarrollo,
      sombrero de Hombre Bueno.