domingo, 10 de mayo de 2015

     CON LOS AMIGOS EN "VILLA HAMBRE"
     (Extracto del relato por venir).

     Bajo "El Abuelo", veinticinco años de porte, sin transporte, apenas el desplume inseminador potenciado por el viento. Un aleteo verde sobre las cabezas de los caminantes, sentados en círculo en torno al tronco, bajo las ramas musculadas desde las raíces.
     La disertación del agricultor. El hombre que, con sencillez, tesón, paciencia, armonía y sabiduría, ha elegido este rincón del Planeta para armonizarse con la tierra..." no hay que perder la esperanza", dice el hombre bueno, ..."y al final cayeron dieciocho litros"...La lluvia esperada, que a veces se aparece camuflada con disfraz de cuentagotas.
     La crónica del amigo visitante, que se siente habitante, en este territorio magnífico. Contiúa el agrofilosófo, cocreador de árboles:
..."es un placer, una escuela, un aprendizaje...esta Naturaleza".
     La gratitud lírica de Jesús, el susperviviente, que ensalza el trabajo del hombre hospitalario. Cerca de la Naturaleza. Con ella...observación e interacción. Complicidad. "The little help from the Mother Nature".
     La placidez, ventosa desde el Sur, en esta tarde de primavera. El Sol comienza a jugar al escondite, como cada día. La conversación distendida bajo "El Abuelo". A su cobijo. El Universo que se desarrolla como debe. 
     Fluyen las voces, apenas un instante, y las sonrisas. Bajo el chopo blanco que se alegra y danza, con tempo suave. Al son del viento. Circulación plácida, fluida, hospitalaria. Abrazo de sombra. Y la sutil percepción de que el árbol nota todo este cariño. Las historias de los amigos, mujeres y hombres. Y la propia historia de "El Abuelo". La intimidad de cada aliento, compartida. La palabra del árbol maduro. Nos queda tanto por aprender...
     Este tronco de piel tatuada, con su mensaje cifrado. Abro los sentidos. Leno el corazón y ya repleta la memoria. Respiro. Vivo. Ligero. Siento las raíces bajo las plantas de los pies...
     Y ya en el sueño, quizás el de esta noche, aquellas raíces se enredan, sutiles y amables, a lo largo de mi cuerpo. Salen por las orejas. Lloran de emoción desde los ojos. Ahora ya soy árbol. Desde siempre. Para siempre. Aquí y Ahora. 
    (Mientras ese perro, de nombre "Wilco" , quizás de Beverly Hills, que aunque no bebe té, entretiene. Ladra que te ladra al son de la lectura. Trasto canino que trastoca y, sin embargo, querido y asombroso). 

     NO HAIKU BAJO EL CHOPO BLANCO
     (A mi amigo de la tierra, Miguel, con gratitud sin fronteras).

     Sobre tu cabeza,
     Área de desarrollo,
      sombrero de Hombre Bueno.






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