Los Olmos, 18 de noviembre de 2015
Me disponía a montar el tenderete para escribir sobre la presencia, sobre todo en estos días. La funda, las cremalleras, el aparato electromagnético, dotado de touch screen como la vida misma, vivirla y poder tocarla, de manera que nuestra percepción del mundo cambie. A pesar de todo. Estaba entonces posando la maquinita sobre la mesa cuando, cierta música sublime hizo que se sobrecogiera todo el ser, incluída la zona del hipotálamo. Así que, a pesar del impacto, procedí a la tarea, aunque ya estaba escribiendo a mano. Bolígrafo sobre papel. Y hasta aquí el sobrecogimiento. En un día como otros, casi monástico, con la inquietud revoloteando durante gran parte de las horas. Otoño en París. Nunca estuve en París. Ahora es un "constructo" de la mente, collage que se alimenta de fotogramas de películas, instantáneas de postales en desuso, documentales, noticieros...Una creación del pensamiento que, furtivo se ha nutrido del corazón: solidadridad, desde el corazón. Compasión, desde el corazón. Lágrimas del corazón. Energía, desde el corazón.
Aquí la mano se detuvo, mientras la música se fue apagando para que se iluminara el siguiente movimiento. Y, de nuevo, hasta aquí el relato de lo que sucede en este presente de la tarde, noche de un miércoles de noviembre. Una pausa mas, para respirar, para sentir con todos los sentidos. Paso a paso se han desgranado los minutos sobre el papel. El propósito era escribir. A toda costa. Contra viento y marea. Ojo avizor. A todo trapo. Rumbo a la vida y navegar por navegar. Firme el timón, la vista clavada en el horizonte del presente. El oído atento a la melodía del oleaje y el viento. El olfato dispuesto para el éxtasis marino. Y el gusto de estar de timonel en esta nave que, en la calma chicha, se desliza por el espejo de sal a gopes de corazón. Latido a latido. Con ritmo pausado y constante. Golpe a golpe.
Desde el horizonte del presente se divisan, lejanas, aquellas islas del pasado en las que la nave encallara, tantas veces. Los cantos de sirena y la impericia del navegante, aliados en dulce contubernio, provocaban parte del naufragio. Lejanas. Islas remotas. Olvidadas en un rincón del mapa de la memoria. Cartografía del recuerdo.
Jean Sibelius. Suite de la música incidental El Rey Christian II. Op. 27
No hay comentarios:
Publicar un comentario