Tendría que haberme calentado antes los ojos, porque desde hace un tiempo, me había notado la
Ahora el escritor reflexiona acerca del "manos a la obra", en lugar de anclarse, una vez más, en el pasado. Los cuentos por escribir. Desde el presente. El aquí y ahora inquieto, subido en el carromato del corazón que trastabilla por los caminos de la vida, a veces tortuosa, sin duda.
El que escribe, quizás para calmar aquella inquietud; vaya a ser que evolucione y crezca hasta la ansiedad y angustia; sigue con la tarea, verso a verso.
Esa mirada
atraviesa el tiempo,
instante fugaz.
Es el otoño estación propicia para la memoria. Estación de la melancolía, transitoria, nunca crónica. Por ahora, a pesar del cambio climático.
Desde siempre. Por las nubes, por los vientos, a veces por la lluvia bendita, con tacto de seda para los campos. Otras veces caudal impetuoso de lágrimas, casi celestiales.
Estés donde estés, eres aquí y ahora. Permeable, osmótica con el Universo entero.
Y, en un lapso, casi imperceptible por las máquinas cronográficas, tu sonrisa elabora, rauda, la coreografía que nos hace y nos deshace, en danza eterna, para siempre.
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