Al más puro estilo,
Al estilo más puro
Puro estilo al más
Más estilo puro al
Estilo al más puro
Puro más al estilo
O quien puro repuro.
Y así, sin demasiado hartazgo, por la supuesta monotonía del asunto de las permutaciones-combinaciones lingüísticas, seguía jugando con las palabras en aquellas mañanas de encierro pandémico. Algunas veces recordaba el mote que su amigo Jose le dibujó, a modo de caricatura, en uno de sus cuadernos de trabajo “literario”: “El acumulador de palabras”. Ahora las comillas habían insistido y le comían terreno al resto de argumentos, devoradoras y repetitivas, aunque no demasiado. Tal vez suaves…
¡Oh comillas recalcitrantes, irrespetuosas
Desafiasteis al aprendiz de escritor
Y así seréis carne de venganza.
Aunque el vegetariano se consuma
En lamentos quejumbrosos
Allá arriba en la torre del homenaje
Los calderos secos y vacíos
Y el aceite virgen extra
Para suavizar a las voraces
Comillas medievales
Llenas de actualidad.
Ya correteaba enero en tiempos de pandemia.
Meses anormales perdidos en aquél año que se había escabullido de la peor manera posible, lleno de frases hechas, palabras descubiertas a golpe de informativo, dentro y fuera de las redes donde cualquier cosa se pesca.
Verdades a medias, mentiras completas a diestro y siniestro.
Titulares para la venta de más sangre, sudor y contagios.
Las tintas, también a la mitad de su rendimiento, mancharon las aceras llenas de mascarillas extraviadas, por decir algo no demasiado ofensivo para los libres (al menos ese era ahora su disfraz, bajo el que se adivinan pieles putrefactas de represión y trasnoche en los burdeles de siempre).
Cacarean en los foros de desbaste
Por fortuna, algunos picos libres de polvo y paja.
Otros, mujeres y hombres mediáticos, aún sin pulimento
Perdidos en ataques y contraataques
De yo llevo la razón y tú estás equivocado.
Zangandungos de verbo fácil tal vez de tres al cuarto
Con probabilidades muy certeras de cuarto y mitad
Aritmética de lenguaje inapropiado
Para el lugar que ocupan quítate tú para ponerme yo.
En aquél poemario indisciplinado no faltaron
Adverbios nerviosos ni conjugaciones delirantes
Antes bien, parece ser que sobraron en exceso
Aunque según su vara de medir,
Lomos del derecho y del revés
Eran siempre escasos, casi inexistentes.
Subordinados a la capacidad de atacar con destreza
Compás a compás, el mayor número posible
De entradas y salidas, por delante y por detrás
Del viejo y olvidado diccionario.
¿Quién lo iba a decir? ¿Quién da más? ¿A qué viene esto?
¿Y lo otro? ¿Es cierto eso que dices?...
Había desparramado interrogantes por cada peldaño
De su incipiente carrera literaria, punta tacón.
Preguntas a las que no quería responder
Tan solo la fórmula desnuda a la intemperie
De los bajo cero de las madrugadas insomnes.
Cuestiones a la sombra de los años
Del pasado inhóspito ajironado de esquina en esquina.
Y a la vuelta todos los calendarios apilados
En espera de la pira crepitante
Donde las pirales día a día aletearán felices.

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