jueves, 4 de enero de 2018


        Se había descoyuntado  en silencio, desmembrado de sí mismo.
     Deslavazado, perdido, otra vez, en la memoria. 
     Aquella fotografía  lejana, de otra tierra, en otro tiempo.
     Los ojos que vieron, la mente que quiso.
     El corazón que se desbocaba más allá de los dientes apretados  
     de su pecho.
     Aunque llegó la lluvia con su protocolo de rescate.
     El viento feroz robó aquella angustia y la depositó lejos, la dejó 
     semienterrada, descompuesta en melancolía con el paso de los
     años.
     En un instante.
     Imaginó que escribía un poema.
     Sólo escribía. Solitario.
     Lágrima a lágrima. Día tras día.
     De vez en cuando.
     

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