martes, 24 de diciembre de 2013



Ahora un latigazo me recorre de abajo a arriba.
Se mueve la serpiente, cuando te recuerdo.
Un olor a tierra mojada, tierra de cementerio.
(Estos últimos días me he muerto un poco).
A  vueltas con nuestro amor. Dudas terminológicas.
Rompo la métrica y la simetría, y pierdo el equilibrio.
Pero me siento vivo, pero me siento vivo.
Solo me he muerto un poco.
El desgarro de la rama que se desgaja del tronco.
La angustia de la soledad después de la tormenta.
La aridez de la distancia, el simún que te envolvía.
Y las canciones en las tardes de lluvia.
Y tú en aquél desierto sediento.
Mientras, observo el secarral de mi herida que se va llenando:
de todo menos de nostalgia,
de todo menos de silencio,
de soledad estrepitosa y áspera, nada de rencor, 
de todo menos de cárcel.
 
Herida que cicatriza con el bálsamo de la libertad.
Toda la poesía cuando pasa el tren del desamor.
La música más sobrecogedora mientras los aviones se retrasan.

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