lunes, 16 de diciembre de 2013

    Recuerdo que una vez leí, no hace mucho tiempo, algo parecido a esto: "Tenemos muchos problemas emocionales,  pero en realidad dichos problemas no lo son; son algo que nosotros hemos creado, son problemas que surgen a partir de nuestros puntos de vista e ideas autocentrados. Al señalar hacia algo, surgen problemas. Pero en realidad no es posible señalar nada en particular. La felicidad es pena, la pena es felicidad. Hay felicidad en la dificultad, dificultad en la felicidad. Aunque nuestras maneras de sentir son diferentes, en realidad no lo son. En esencia son lo mismo".

     Y ahora recuerdo algo que escribí hace más de tres años. Sobre el punto de inflexión, más o menos. Según como se mire. Los puntos sobre las íes y las luces y las sombras. Intercambios,  pequeñas venganzas cotidianas. El sonido y el silencio generador. Soporte absoluto... El silencio.

     En aquél atardecer del último domingo del mes de marzo, reflexionaba como podía acerca de mi existencia. Meditaba y luego escribía a mano para intentar encontrar, de la manera más artesanal posible, la salida del laberinto. Los recodos y los rincones del jardín de mi mente, que me había propuesto cultivar y conocer lo más profundamente posible. Conseguí, con paciencia y constancia, iluminar ciertos recodos de aquél laberinto. Una limpieza y una poda eficaz trajeron, por fín, la luz al rincón del miedo que tantos años permaneciera enigmático, tintado de un verdín inusitado y envuelto en un aura perfumada de humedad profunda. Aquella tarde algunas nubes que aprecían desde Poniente se tiñeron de un rojo intenso. Un perfume de flores de almendro las acompañó mientras la noche les hincaba el diente.

     RETAZOS. PENSAMIENTOS DESHILACHADOS. 

    Intento zurzirlos, sin dedal y con las gafas de cerca como anteojos, que me atraen hacia el papel y me protegen de las inclemencias del relato. Retazos que relato, como ensayos de un aprendiz de costura literaria. La aguja que surca un mar de tela que, en su vaivén, a veces deja varados en la costa, pespunte a pespunte, los costurones de la memoria.

     Como aquella historia de la cantante ciega, que interpretaba Aída de Verdi con la clarividencia de quien aprende rápido y vive despacio. Se presentó esa misma tarde en el salón de la casa del jardinero, el mismo que limpia y poda. Fué a través de la ventana que acababa de abrir cuando sintonizó Radio Clásica. Estuvo sentada a su lado hasta el final de la ópera. A veces susurraba, a veces gritaba de dolor y desesperación, pero él, compasivo y cercano, a pesar de su firme misantropía, se comportó como buen anfitrión. Casi a medianoche y sin mirarse, se despidieron sin mediar palabra. El jardinero apagaba el receptor y las luces, desmesuradas para esa hora, con un suspiro de nostalgia apenas contenida.

1 comentario:

  1. Las emociones es lo que nos define como personas. Sin embargo, ocupan un puesto muy bajo en la sociedad en la que vivimos, dando lugar a la razón.

    Enseñar a las personas a vivir, pero no a sufrir. A exteriorizar y no a interiorizar los problemas.

    Los problemas sólo son generados por nosotros. Es por ello que no es conveniente dedicarle mucho tiempo a este tipo de planteamientos sino es para aprender.

    Dejemos ya de crear cosas donde no las hay... Ya es hora de ser felices.... Basta ya....

    Muy buena entrada Pepe. Espero ser la expectativa que en un principio fui. Me siento decepcionado conmigo mismo, pero seguiré adelante y cambiaré todo para mejor.

    Muchas gracias por estar ahi todos los dias.

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