El viajero que encuentra. Con los ojos abiertos. Descubre, sin buscar, en un rincón de piedras viejas olvidado por el Sol, varado, en un invierno peremne junto a unas manchas de musgo casi fósil, el barco de sus sueños. De aquellas noches sin apenas días. Sin amanecer y sin ocaso. Con los ojos abiertos, en el presente eterno. Aquí y ahora.
Y se le aparece aquél perfume que se desvaneció al ritmo de cuentagotas apergaminado de los calendarios viejos.
A la vuelta de la esquina el bullicio de la plaza, la estatua de siempre, gritos de niños, el humo de los humanos y de las chimeneas...Recupera el aliento en aquél banco de los días soleados y reemprende su camino. Con la vida de la mano.
Se mostrarán poemas,escritos varios y desmemorias muchas. La música que me inspira,reconforta,me duerme y me despierta.Esos pajarillos en los olmos. Algún salmonconsejo, quizás algún recurso branquial a diario, o de vez en cuando. Aparecerán los sueños de toda la vida. No las ensoñaciones. Sueños para escuchar su mensaje y aprender a conectar, integrar, todas la facetas de nuestro ser multidimensional.
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